Que te pires¡¡¡
La filosofía del ahorrador, el cuento de la hormiga y la cigarra.
El sol del verano ardía sobre el campo. La cigarra cantaba a toda voz en las largas horas de la siesta, tranquilamente sentada en una rama.
Comía cuando se le antojaba y no tenía preocupaciones.
(Aclaración: se estaba tocando los huevos, y gastándose todo el dinero en vicios, lujos y excesos)

Entretanto, allá abajo, las hormigas trabajaban llevando la carga de alimentos al hormiguero.
(Aclaración: las hormigas usaban la sensatez, no gastando demasiado, ahorrando, no comprando demasiadas cosas caras, y guardando los alimentos, por lo que pudiese ocurrir en el futuro).

Terminó el verano, quedaron desnudos los árboles y el viento comenzó a soplar con fuerza. La cigarra sintió frío y hambre. No tenía nada para comer y se helaba. Entonces fue a pedir auxilio a sus vecinas, las hormigas. Llamó a la puerta del abrigado hormiguero y una hormiga acudió. La cigarra le pidió comida.
(Aclaración: La caradura de la cigarra ahora quería chupar del vote de la hormiga, después de haber vivido a todo tren, y disfrutando de lo que la hormiga no había querido disfrutar.)

—¿Por qué no guardaste en el verano cuando abundaba? ¿Qué hiciste? —le preguntó la hormiga.

—Cantaba —respondió la cigarra.

—¿Mientras yo trabajaba? ¡Pues ahora baila! —dijo la hormiga dándole con la puerta en las narices.
(Aclaración: Pues ahora, vete a tomar por culo¡¡¡)

Cuando antes ahorrábamos, nos llamaban tacaños, por tener una filosofía de vida, de no derrochar demasiado en caprichos, ser comedido, no pagar a crédito nuca, y en definitiva por ahorrar. Ahora, somos “ahorradores”.

Es muy difícil llevar la cultura del ahorro, en un mundo en el que todo lo que hay alrededor es derroche. El de al lado se compra un movil mejor que el tuyo que vale 400 euros, tu puedes pagártelo, también, pero puedes optar por hacerlo o no hacerlo, por hacerlo a cambio de ahorrar en otra cosa, o por comprarte uno más barato. Ser ahorrador, es una filosofía de vida, es de ser humilde en la medida de lo posible. Poder darte un capricho de vez en cuando, si, pero no como norma.